viernes, 9 de marzo de 2012

From Russia with love...


Uno desde chico ve que muchas de las películas de acción tienen algún desenlazo en Moscú y que muchos de los "malos" suelen ser rusos. De más estaría hacer referencia a alguna película de James Bond.

El pasado fin de semana por fin pude ir a conocer tan famosa ciudad, y la verdad que superó mis expectativas. Una ciudad impresionante en todos los sentidos. Monumentos, historia, cultura y edificaciones que dejan a uno atónito. Los 4 días bastaron para conocerla, o por lo menos conocer lo escencial. Sin embargo, no sobró tiempo y realmente creo que si hubiese estado algún día más también lo hubiese sabido aprovechar. Ya el primer recorrido por las afueras del Kremlin, la plaza roja y San Basilio ameritan el largo viaje hasta allí. Uno lo ha visto en fotos, documentales o películas, pero realmente el estar ahí mismo es otra historia. En ese mismo momento se comienza a entender lo que ha sido Rusia, el peso en la historia y tal vez en el futuro. A esto le siguen paseos por sus grandes parques, calles llenas de diferentes catedrales (las cuales a pesar de ser menores no dejan de impresionar) o una visita al mercado de Izmaylovo. Finalizando el día cenando en un buen restaurant como el café Pushkins.
Pese a haber sido advertido del frío moscovita, y de haber sido tratado de loco, no me arrepiento ni un poco de haber ido en esta época del año. Me parece fundamental conocer las ciudades como uno se las puede llegar a imaginar, y realmente jamás podría imaginarme a Moscú sin nieve, sin sus parques helados llenos de pistas de patinaje y hasta con plataformas para saltos de esquí. Es parte del encanto de la misma, de conocerla y entender cómo se vive allí.
Otra cosa a destacar, es la sensación de corrupción, de trampa y demás vivída. Ya me había pasado en San Petersburgo hace 5 años, pero uno no deja de sorprenderse y de hasta temerle ya que un taxi es capaz de cobrarte hasta el triple por el mismo recorrido. Y es algo que nos pasó, nada más llegar al aeropuerto, ya avisados, nos dirigimos al mostrador donde estaban los taxis "oficiales". Sin embargo, al llegar uno tomó el cartel del precio del mostrador y nos quiso vender un servicio bastante más caro alegando que era taxi oficial. Tras rechazarlo, vino otro haciendo el mismo intento y hasta subiendo su tarifa diciéndonos que viajabamos en "business". Por suerte, pudimos salir del asunto sin demasiada estafa. Todo esto sumado a que prácticamente nadie habla inglés, hacen las negociaciones y el entender muy complicado. Desespera el tratar de comparar el círilico para saber si uno va por lugares correctos (metro, calles).
Pese a la dificultad de enteder y moverse por Moscú, sigue siendo un lugar altamente recomendable para visitar y no descartaría para nada el volver en un futuro cercano.

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